Volvemos a ver imágenes de montes ardiendo, pueblos amenazados, miles de hectáreas devastadas, fauna desapareciendo y millones de euros destinados a extinguir incendios.
Entonces todos nos hacemos la misma pregunta:
¿Cómo hemos llegado hasta aquí?
La respuesta es tan sencilla como incómoda: seguimos invirtiendo mucho más en apagar incendios que en prevenirlos.
En España, aproximadamente el 72 % de la masa forestal es de titularidad privada, mientras que el 28 % restante pertenece a las administraciones públicas.
Pero el fuego no entiende de lindes, catastros ni escrituras.
Cuando un incendio comienza, arde el monte público y el privado, se pone en riesgo a las personas, se destruye biodiversidad y el coste lo asumimos entre todos.
Entonces, ¿por qué la prevención sigue dependiendo, en gran medida, del esfuerzo económico de miles de propietarios particulares?
Mantener cortafuegos, gestionar la vegetación, limpiar montes y reducir la carga de combustible forestal no debería ser una obligación imposible de asumir para quien posee una finca. Es una necesidad estratégica para toda la sociedad.
Por eso es momento de plantear una solución estructural:
España necesita una empresa pública o un servicio público permanente especializado en la prevención forestal, con financiación estable y capacidad para realizar, durante todo el año, el mantenimiento de cortafuegos y la gestión preventiva de los montes, tanto públicos como privados, mediante los mecanismos de colaboración y apoyo que establezca la legislación.
Porque invertir en prevención cuesta mucho menos que reconstruir después de un gran incendio.
En Recordarmiarbol conocemos esa realidad muy de cerca.
Nuestro proyecto nació hace años tras la devastación causada por un incendio forestal. Empezamos reforestando una zona que había perdido toda su vida.
Con el tiempo comprendimos que reforestar es imprescindible, pero la verdadera prioridad es evitar que esos árboles vuelvan a arder.
La mejor reforestación es el incendio que nunca llega a producirse.
No podemos seguir acordándonos de nuestros bosques únicamente cuando aparecen en los informativos envueltos en llamas.
La protección de nuestros montes debe convertirse en una política pública permanente, con planificación, recursos y visión de futuro.
Porque cuidar nuestros bosques no es un gasto.
Es una inversión en biodiversidad, en seguridad, en economía rural y en el futuro de las próximas generaciones